“Sólo una cosa es más dolorosa que aprender de la experiencia, y es, no aprender de la experiencia” (Laurence J. Peter)
Hace seis meses entré a trabajar a una empresa de telefonía móvil, y lo pasé chévere. Trabajaba de lunes a sábado de 8:00 a.m a 3:30 p.m. Era un trabajo ideal para mí: el jefe no era tan castroso, había un ambiente laboral "sano", estaba citra y circa de mi casa, y lo mejor de todo, era ése pedazo de pollo Kentucky por las tardes. Mis compañeros y el encargado me llegaron a alabar por mi buen desempeño y puntualidad en diciembre, pero erróneamente pensé que 'iba a durar ahí más de 5 años'.
El día sábado por la mañana nos llegó un mensaje a mí y al equipo de trabajo, ¡espetándonos darnos caput sin ton ni son!.
“Les pedimos de favor que el día lunes ya no se presenten a la sucursal”.
¡¿QUÉ CARAJOS?! ¡¿PORQUÉ?!
En ése momento, mis buenos compañeros y yo, estuvimos hablando hervosamente sobre ése despido tan injustificado. Yo estaba mimbrado, conteniendo una muina de coraje todo el sacrosanto día.
Eso me hizo aprender algo: JAMÁS te esfuerzes demasiado en ningún trabajo, ni seas un chupa*pijas o chupa*conchas sabor salmón del jefe/a. Hay gente a la cual le hace falta descubrir el humanismo y altruismo; NO saben (requieren clases los onagros) valorar todo el ingente esfuerzo que un empleado está haciendo para lograr sacar a la empresa y/o negocio adelante.
A los jefes (no todos) les vale ñisca de porcino el esfuerzo; les chupa un huevo tu ahínco, y para rematar, les importa un cacahuate el bienestar de sus propios trabajadores. No tengo ningún resquemor en contra de aquel déspota voluble, pero si me pareció 'PATÉTICA' e 'INMADURA' su injusta jugada.
Si hay una cosa que me moleste es que mi esfuerzo, no sea valorado, y por infortunio, me tocó vivirlo. En fin, valió la pena aprender de todo esto, a partir de, seré mucho más "huevón" en el trabajo.
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