Todo ello se cuenta simple y llanamente para tener un tema de conversación cuando no hay uno al cual asirse o es meramente oportuno [véase en programas de radio, televisión o en redes sociales]. Además de ser innegablemente sugestivo (y divertido), vende mucho, y eso atrae de manera fanática a miles de personas (en su mayoría religiosas) cuyo ciego propósito es escuchar, creer y retroalimentar más la fantasía miedica masoquista que cargan tras toda la inculcación temprana contada por sus padres, hermanos, tíos y abuelos sobre estas lúgubres experiencias sufridas en carne propia por ella/os mismos.
Le hice saber que nunca se dejé intimidar ni amilanar por jaques ni historias medievales, es decir, lograr convencerse de cosificaciones enaltecedoras hacia tótems o figuras, maldiciones, sugestiones, pesias, patrañas o chantajes provenientes de cerda/os ignavos, testarudos y embusteros.
Dejemos de lado la abusión infantil, supercherias caducas, actitudes carcundas y, sobre todo, cuentos de la china, digo digo, de la vieja España.
Ah pero si, una de estas por favor:
No hay comentarios.:
Publicar un comentario