Hace aproximadamente una hora, iba de regreso hacia mi morada. Para ello, tengo que recorrer un largo camino cuyo pastizal impide ver que hay en los alrededores.
Adieso de llegar a la zona pavimentada, pude observar citra como un perro blanco salió de entre la hierba y me comenzó a observar con ojeriza amusgando sus orejas. Como no suelo tenerles jindama a los perros (por lo regular), decidí bajar a la calzada e ignorarlo; creí que iba a dejarme cruzar, pero no.
En un momento sentí como tarascó mi pantorrilla; por suerte y traía jeans. Únicamente, logró ajar mínimamente mis pantalones. Yo, azorado, intentaba hacer que me soltará dándole leves puñetazos a los ojos sin conseguirlo.
Poco después, el dueño del animal salió gritando: “¡Fofo Fofo suéltalo!” con un palo en las manos. Tras darle una tanda de piñazos a su propia mascota, el perro me soltó, empero su amo siguió hiriéndole, haciéndolo chillar muy fuerte. A pesar del daño que me hizo el animal, le dije [al señor] que parará de agredirlo y obtemperó mi súplica. Sin embargo... El jo*pu*ta de Fofo, ¡ME QUISO ATACAR OTRA VEZ!
Tras todo el circo de acción, el dueño del perro me dio $2,000 pesos para que fuera a curarme la mordida. Valió la pena... Ahora tengo $1,500 sin haber hecho nada.
Gracias, Fofo.
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