Hoy en día, el pantallismo es la adicción por excelencia, no solo en adolescentes sino en gente de todas las edades.
Australia está a punto de poner en vigor una ley la cual 'prohibirá el uso de redes sociales a menores de 16 años'. Desde un principio debió ser así al comenzar de las redes sociales. Es decir, es tan común (y nada extraño por cierto) escuchar decir a una madre: “Mi hijo salió bajo en sus calificaciones”, “Mi hija se ha vuelto muy displicente con sus tareas, incluso me está reprobando exámenes”, “Hijo ¿te has vuelto loco?! ¿qué estabas pensando al intentar cortarte con el cuchillo y grabarte al mismo tiempo?”, “¡Deja ese teléfono y ponte a asear la casa haragán!”... que si patatín que si patatán, o que patatín que patatán.
En estos tiempos, el verdadero mal que lo envenena todo radica en el uso y tiempo excesivo e invertido en el mundo social digitalizado. No estoy descubriendo el asgua aquí, esto bien consabido, pero comúnmente, los párvulos, niños, pubertos, adolescentes y adultos jóvenes están libre y enteramente expuestos a una ingente cantidad de contenidos de diversa índole, desde ciberacoso hasta contenido libidinoso, soso, escatológico e inadecuado para su edad [el reggaeton o la porgrafía por ejemplo] cuya repercusión impepinablemente hace y daña de manera directa su bien quebrantable, salud mental.
La generación Like busca diariamente la aceptación, la autoestima y un tipo de sistema de recompensa cerebral que se activa cuando reciben sus deseados likes, a decir verdad: ¿a quién no le gusta que su opinión sea valorada siempre y cuando lo hagamos con madurez?. Esto lleva a los adolescentes a desarrollar una pre-psicosis por neta y ciegamente querer ser el más popular gracias a un vídeo donde expone su integridad ridiculizándose, o incluso su vida realizando retos absurdos en su intento fútil de destacar en un entorno puramente digital. Claro, todos en algún momento hemos deseado (y no nos engañemos) beber de esas mieles, pero hay que tener cuidado y mucha 'prudencia' antes de tomar acción.
En un pasado no muy lejano, esto no representaba aquel bajo rendimiento académico sino algo lo cual muchísimos niños y adolescentes en especial (me incluyo porque fuí así) han tenido siempre sesgado: la idea de estudiar.
Mucha/os niños-jóvenes creen que estudiar es algo soporífero lo cual los hará menos "cool". Para estos mentes-flojas el estudiar es solo repasar 5 minutos un texto, resolverlo (con ayuda de internet) y sanseacabó, me lo he aprendido, jamás quisiera volver a leer esto más aburrido que un acuario de almejas. Hay estudiantes con tanta suerte que "aprueban" sin siquiera haber estudiado. Estudiante tontiloco, por más que estudie sabrá poco.
Para mi, restringir el uso de redes sociales puede contribuir a proteger a los niños y jóvenes de la exposición a contenido inapropiado. Es una excelente idea (muy tardía) pero la es, amen de una ley muy importante y eficaz a largo plazo. Pero, por igual, no deberíamos privarlos totalmente del instruirse a desarrollar su capacidad para el manejo de la tecnología debido a que es la herramienta fundamental para el porvenir de la humanidad.
Un equilibrio con total disciplina académica-psicológica en ese sentido, es lo correcto.
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